Hace unos años se cayó un chopo de los que hay junto al pozo de la Mula. Preocupados por la posible muerte ocasional de algún dominguero talaron unos cuantos y ahí se quedaron.
Esos troncos, fruto de la desidia humana, han hecho su papel: pudrirse, desmenuzarse, servir de escondrijo y alimentar a todo tipo de organismos que viven de la madera, como el escarabajo rinoceronte.
A veces sin querer los humanos hacemos algo positivo.