Regar a manta puede ser un placer
Abres la boca de riego, si puedes que vaya despacio. El agua fluye y lo empapa todo, si es necesario mueves algo de tierra. Los insectos zumban y los pajaritos se acercan a ver que pillan.
Parece idílico y a veces lo es, como la última vez, pero regar a manta exige ciertas normas para los regantes, normas que si por error u omisión te saltas son castigadas con insultos y chillidos.
Vivir aislado es lo que tiene, te vuelves irascible y aunque tengas todo el tiempo del mundo porque estas jubilado, si te quitan el agua cuando vas a regar es una falta muy grave, suficiente para dejar de hablar a un vecino o chillarle como si hubiera pegado a tus hijos.
El ultimo dia pude regar sin problemas, era mi dia de riego, los vecinos habían regado el dia anterior y no había riesgo de conflicto, el agua fluía y el ambiente también.