El propósito inicial de un parque es que la gente lo use, que haya algo de verde en su vida, asi que, ya que lo haces ¿por qué no hacerlo bien? Con bien me refiero a que el parque sirva a humanos y animales, a naturalizar en cierta forma el medio hostil que es la ciudad. A que el parque sea un trocito de naturaleza de verdad.
Una medida que incrementa drásticamente la biodiversidad en una zona mediterránea es aportar agua. En las zonas mediterráneas hace mucho calor, sí vas por el monte buscando animales en julio o agosto vas a ver pocos, acércate a una zona con agua y seguramente verás muchos.
Un parque con agua puede conseguir refrescar algo más el ambiente, añadir biodiversidad con nuevas especies de plantas acuáticas o conseguir que en el parque haya por ejemplo gallinetas, ranas o libélulas.
Aunque el turismo se mueve de forma viral estos días y se visita la naturaleza de forma voraz, las personas están cada vez más desconectadas de lo natural. Tener parques más naturales contribuiría a acercar a los urbanitas a lo que es nuestro medio ambiente.
Estaría bien para evitar situaciones ridículas como la que vi hace unos meses donde un ciudadano preocupado alertaba por las RRSS de la presencia de una temible culebra viperina en un parque de la ciudad.
La fotografía del Parque de Malilla.