Escondido en la umbria
A los naturalistas nos gustan las rarezas. Un ciervo con más puntas de lo habitual, un lince albino o el oso más grande que se ha visto.
El de la fotografía no es ni mucho menos tan espectacular, pero acostumbrado al bosque de pinos, cuando uno ve algo distinto le llama la atención.
Esas hojitas son de un serbal, desde el camino al Canalizo he encontrado dos ejemplares, creciendo entre los pinos, un poco escondidos, pasan desapercibidos salvo en otoño, cuando cambian de color.
Este arbolito y otras especies seguramente no soportarían los rigores del verano mediterráneo, pero aqui, en esta umbría húmeda y sombreada lo toleran y hacen lo que pueden.
Las rarezas como el serbal son importantes, los pinos comunes que permiten su vida también.