Igual hay alguna persona que le gusta ir a las reuniones de escalera. Esas que se hacen para aprobar un presupuesto, plantear que hay que cambiar el ascensor o protestar porque una vecina hippy ha dejado su bici en el patio y eso no puede ser. Seguro que hay alguna.
El caso es que los humanos - a pesar de las reuniones de vecinos - encontramos más ventajas que desventajas viviendo en comunidad.
A las cotorras argentinas les pasa lo mismo, van en grupo pero además hacen fincas como nosotros, en lo alto de árboles grandes como plátanos de sombra o palmeras, construyen fincas biodegradables con mil palitos.
Si te paras a mirarlas, o en este caso a hacer una fotografía, se molestan y no paran de protestar todas a la vez. Al final te acabas sintiendo mal y te vas.
Yo creo que a las cotorras argentinas no les molestan las reuniones de escalera y saben que la unión hace la fuerza.