Cómo mejorar tus fotografías de forma rápida
La mejor amiga de las/os fotógrafas/os
Cuando empezabas en fotografía, al menos antes de la llegada de los programas automáticos tu primer objetivo era ser capaz de conseguir una fotografía ni muy clara ni muy oscura, o sea bien expuesta. Medias la luz, ponías el diafragma y la velocidad necesitada y esperabas haber acertado. Recogías los carretes y los analizabas. Era un proceso lento pero aprendías muy bien a medir la luz y a conocer como reaccionaba la película.
Más tarde aprendías algo de composición: la regla de los tercios, la importancia del primer plano y del fondo, tener un punto claro de interés en la imagen y un largo etc.
Una vez dominadas exposición y composición, empezabas a ir más allá y fijarte en lo que hacían los grandes fotógrafos que publicaban en libros y revistas. Si seguías National Geographic por ejemplo, te dabas cuenta enseguida de las luces espectaculares que transformaban completamente las escenas que aparecían.
En los tiempos de la película fotográfica conocer cómo reaccionaba tu película a la luz era un factor crítico, y aunque ahora tenemos software capaz de imitar o cambiar cosas, la mejor manera de mejorar tus fotografías rápidamente es entender el efecto de los diferentes tipos de la luz en las escenas y aprender a interpretarla antes de apretar el disparador.
En primer lugar la luz es insustituible, no hay software en el mundo capaz de reproducir lo que la naturaleza crea. A veces la esperas pacientemente, otras te la encuentras de repente, y cuando llega, entras en “modo acción” para que no se te escape ese momento efímero.
Una luz interesante en un paisaje corriente lo transforma, un escenario épico con una luz vulgar es aburrido. (mira por ejemplo la foto del caballo)
En segundo lugar, si consigues la fotografía en campo, no tendrás que pasar mucho tiempo corrigiendo o intentando mejorar nada con el ordenador.
Aquí hay dos tipos de personas: los fotógrafos/as que adoran los sistemas informáticos y con la habilidad de retocar infinitamente sus imágenes, y los que preferimos pasar las horas vagabundeando en el campo y conseguir la imagen final (o casi) en el momento de la toma.
¿Cómo hice esta fotografia?
Esta es una fotografía preparada. Los que ya me conocéis sabéis que me gusta la espontaneidad y fotografiar lo que me encuentro, pero en este caso preparé un poco la imagen.
Era verano, y estábamos de paseo por Talayuelas, un pueblo de Cuenca que aunque tiene extensos pinares, colinas o lomas, está en una llanura, lo que le da una luz increíble al atardecer. Cuando el sol está bajo en el horizonte, ilumina grandes zonas y proporciona sombras alargadas y tonos cálidos a todo lo que toca.
En este caso llevaba la Leica con película en blanco y negro, y no iba buscando ninguna imagen en concreto, sino dando un paseo en familia, en un momento el camino giró para volver al pueblo y entonces vi este árbol (nogal creo recordar) a contraluz. Llevaba un objetivo de 35mm.
El contraluz pedía a gritos una fotografía, disparé un par de tomas, al árbol solitario, pero era mejorable, ¿cómo? Pues incorporando una figura humana en el paisaje. Un paisaje puede ser simplemente bonito, pero si consigues situar una figura animada (humana, animal o cosa) en el mismo, multiplicas el efecto y la fotografía aumenta exponencialmente su interés.(como esta fotografia de introducción donde una pequeña garza levanta el vuelo en un paisaje suburbano)
Después de unas cuantas imágenes de grupo en el árbol, todos volvieron al camino, pero Dani, que era muy pequeño entonces, se retrasó. Al verlo separado del resto vi la fotografía que buscaba y le dije: “tete, date la vuelta y vuelve andando hacia el árbol”, así conseguí esta imagen.
La fotografía es muy simple, pero tiene todo lo necesario. El árbol en medio del gran espacio, el contraluz espectacular y la figura pequeñita de Dani. La maravillosa película en blanco y negro hizo el resto.
Por supuesto esta imagen tiene 0 software, 0 retoque, y 0 AI. Es tal cual la registró el negativo, no necesitaba más.
Unos segundos más tarde de la imagen que has visto arriba.
Busca la luz
No puedo enfatizarlo más. Ni el mejor de los programas informáticos igualará una buena luz natural.
Como fotógrafa/o mejoraras muchísimo cuando aprendas a reconocer esas luces únicas que nos ofrece la naturaleza. Por norma general solemos referirnos a las mejores luces como las cercanas al amanecer o al atardecer, pero eso es muy simplista.
Si quieres fotografiar una tormenta por ejemplo, la buena luz puede que te llegue en forma de rayo. En un interior es posible que encuentres una buena luz a mediodía, cuando la intensidad lumínica es mayor y la luz reflejada se expande por todos los rincones.
Como todo en esta vida, es una cuestión de práctica. La diferencia entre una imagen vulgar y una excelente puede ser cuestión de paciencia y de esperar el momento adecuado.
Lo mejor de todo es que aprender a identificar las buenas luces es una cuestión de pasar muchas horas en campo con tu cámara, fotografiando y a menudo esperando.
Y tú ¿prefieres pasar las horas al aire libre o retocando imágenes delante de una pantalla?
Cierro esta entrada de fotografía con una recomendación del último libro que he comprado, donde podrás ver ejemplos de como la luz cambia los paisajes: Los oasis de Egipto, de Jordi Esteva.
Creo que no es un libro muy conocido, ya te recomendé un libro de el en la entrada sobre libros para el verano: Sócotra. Me gusta mucho tanto por el tipo de fotografía como por el tema que trata, ademas no es nada caro, muy recomendable.